Se apaga una vida, se enciende una flama perenne

Por Laura Flores Reyes (*)

Imagen: Especial

“Cada árbol se conoce por su fruto: Todo buen árbol da buenos frutos. Así que por sus frutos los conocerán”. (Mateo 7: 16-21)

El 6 de agosto de 1972 vio la primera luz un mexicano que habría de dedicar su vida al cuidado de los bosques y al combate de los incendios forestales: Jorge Emilio Reyes Flores.

Su misión fue la de ser Combatiente Forestal y Bombero Forestal, adscrito a la Comisión de Recursos Naturales (CORENA), Regional 3, en la Ciudad de México.

Cuidó de los ecosistemas en peligro de extinción y trabajó a favor del respeto a las áreas protegidas. Amó intensamente a la naturaleza, los árboles, el agua. Entregó lo mejor de su talento y de su capacidad física a la preservación de los “pulmones verdes” de la Ciudad de México porque siempre quiso conservar el oxígeno para la población y hacer sustentables los recursos acuíferos.

Jorge Emilio contribuyó a alentar, con su testimonio en Scripta Manent, el cuidado a la casa común: la Tierra. Lo hizo con el mismo entusiasmo y dedicación con que reforestó una gran cantidad de hectáreas.

Él, perdió la batalla final el pasado 5 de enero: “los pulmones verdes” que sembró no lo verán más. Su larga trayectoria profesional concluyó, mas no su ejemplo de profesionalismo y dedicación.

(*) Doctora en Administración Pública por la Universidad Anáhuac México y docente en la Facultad de Contaduría y Administración de la UNAM

Un comentario sobre “Se apaga una vida, se enciende una flama perenne

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s