Filosofía del envejecimiento

Al envejecimiento y su historia le han precedido 5000 años, la preocupación por la muerte antecedió a la preocupación por el envejecimiento. Existe así un conjunto de observaciones, reflexiones y especulaciones filosóficas que reflexionaron sobre el avance de la edad, previos al establecimiento de la Gerontología como estudio científico

Por Dra. Rosa López Fernández (*)

Imagen ilustrativa: Nuno Lopes (Pixabay)

La vejez ha sido abordada en los textos antiguos, como señala Lehr (1980), en el Antiguo Testamento se destacaban las virtudes que adornaban a las personas mayores, su papel de ejemplo o modelo, así como guía y enseñanza.

La condición necesaria para afrontar con serenidad y sabiduría el envejecimiento sería el haber llevado una vida íntegra en las etapas anteriores de la vida (Lehr, 1980).

Platón, ofreció una visión individualista e intimista de la vejez, resaltaba la idea de que se envejece como se ha vivido y de la importancia de cómo habría que prepararse para la vejez en la juventud. Representando un antecedente de la visión positiva de la vejez, así como de la importancia de la prevención y profilaxis (Lowenstein, & Carmel, 2009).

Por su parte, Aristóteles mostraba lo que podríamos considerar las etapas de la vida del hombre: la primera, la infancia; la segunda, la juventud; la tercera la más prolongada, la edad adulta, y la cuarta, la senectud, en la que se llegaba al deterioro y la ruina. Consideraba a la vejez como una enfermedad natural (Lowenstein, & Carmel, 2009).

Aristóteles (384-322 a.c) trazó una imagen más negativa del anciano, en su Retórica, destacó el afán de disputa que se advierte en la edad avanzada e interpreta la compasión como una debilidad. Es el primero que aborda ampliamente una teoría del envejecimiento por causas en los pequeños tratados: “Sobre la duración y brevedad de la vida”; “Sobre la vida y la muerte”; y “Sobre la respiración”, incluidos en la recopilación conocida como Parva naturalia. Veía la vida en términos de una combustión cuya sede era el corazón. No obstante, se debe advertir que hay dos modos en los que el fuego deja de existir: puede apagarse por agotamiento o por extinción (Lehr, 1980).

Estas dos visiones antagonistas y contradictorias de la vejez, que se dan ya en Platón y Aristóteles, van a verse representadas a todo lo largo de la historia del pensamiento humano. Así por ejemplo Cicerón sigue la idea positiva de Platón y Séneca sigue la línea de pensamiento de Aristóteles (Birren, 1996).

Cicerón conocía el relevante papel desempeñado por la sociedad, que determinaba las vivencias y el proceso del envejecimiento. En su obra Cato Maior de Senectute incluye multitud de datos acerca de las modificaciones experimentadas por la capacidad de rendimiento mental en la edad avanzada, lo ilustra con gran cantidad de ejemplos individuales tomados de la historia griega y romana, destacando los grandes hechos políticos, científicos y artísticos llevados a cabo por personas de más de 80 años y planteó:

Las facultades que se refieren al al mundo del espíritu crecen con la edad en los varones mejor dotados y de más clara inteligencia… dado que los ancianos son los que poseen entendimiento, razón y capacidad reflexiva. Si no hubiese habido ancianos, tampoco habrían existido los Estados” (Lehr, 1980, p 18).

Séneca, expresó con mayor vigor aún, que la vejez era una enfermedad incurable. Ciertas consideraciones histórico médicas respecto al proceso del envejecimiento lo contradijeron.

Una de las primeras publicaciones que sobre esta materia se reconoce, fue editada en el año 1236 por Roger Bacon, con el título de “La Cura de la Vejez y La Preservación de la Juventud”.

Queda para el mundo del misterio, el intento de René Descartes (1596-1650) de encontrar la forma de prolongar la juventud, de la cual decía que era la principal meta de toda su filosofía. En una ocasión llegó a decir que se encontraba muy cerca de lograrlo. No es extraño que su muerte a los 54 años causara una conmoción entre sus discípulos.

Michel de Montaigne, en el siglo XVI, en su Ensayo “De la Edad”, planteaba:

Por eso soy de la opinión de que cualquiera que sea la edad a la que hemos llegado, es una edad que muy poca gente alcanza. Si lo normal es que los hombres no lleguen hasta allí, es señal de que nosotros nos hemos adelantado (Montaigne, 2005).

Si se habla del comienzo de la investigación científica en Gerontología, hay que hablar del siglo XVII, y en concreto de Francis Bacon, con su trabajo History of Life and Death (Historia de la vida y de la muerte). En este texto, Bacon planteaba una idea precursora que se cumpliría tres siglos después, a saber, que la vida humana se prolongaría en el momento en el que la higiene y otras condiciones sociales y médicas mejorasen. Ya en los siglos XVII y XVIII Francis Bacon y Benjamín Franklin esperaban descubrir las leyes que gobernaban el proceso de envejecimiento para establecer después un utópico rejuvenecimiento (Achenbaum, 2009).

Francis Bacon ya en su época planteó que la fortaleza natural en la juventud resiste muchos excesos cuyos efectos no se notan hasta la edad avanzada, “daos cuenta del paso de los años y no sigáis haciendo la misma cosa siempre, pues no se podrá desafiar la edad” (Bacon, 2012).

El estudio académico sobre las personas ancianas y el envejecimiento comienzan en la Edad Moderna con los trabajos biométricos de Adolph Quetelet (1796-1874) y Francis Galton (1822-1911). Quetelet, es considerado el primer gerontólogo de la historia, al establecer los diferentes estudios de la evolución de la vida humana. No es extraño por ello, que el envejecimiento se explicara hasta el siglo XIX en términos de calor o de humedad.

Aunque se puede contar con estas ideas geniales, no es hasta el siglo XIX cuando el trabajo científico en gerontología comienza.

Fueron grandes pensadores de tiempos pasados que se ocuparon muy a fondo del proceso del envejecimiento, brindando desde sus posiciones filosóficas una concepción de lo que se consideraba el envejecimiento y el individuo selecto.

Bibliografía

Achenbaum, W. A. (2009). A Metahistorical perspective on theories of aging. En V. L. Bengtson, D. Gans, N.M Putney, M. Silverstein. (eds.). Handbook of theories of aging. Springer Publishing Company. (Second edition), 25-38.

Bacon, F. (2012). De la Sabiduría Egoísta. México. Ed. Taurus, 53.

Birren, J. (1996). History of Gerontology. En J. Birren. (eds.). Encyclopedia of Gerontology. Age, Aging and the Aged. San Diego: Academia Press.

Lehr, U. (1980). Psicología de la Senectud. España Editorial Herder. Barcelona.

Lowenstein, A., & Carmel, S. (2009). The Construction of Knowledge: A New
Gerontological Educational paradigm
. En Bengtson, VL, Gans D., Putney
N.M., Silverstein M., editores. Handbook of theories of aging. New York:
Springer Publishing Company. (2ª edition), 707-720.

Montaigne, M. (2005). Ensayos I. Editorial Gredos, S.A. España, 473-476.

(*) Dra. Rosa López Fernández

Doctor en Investigación Interdisciplinaria, Coordinadora del diplomado en Cuidados a las personas adultas mayores: retribuyendo a la vida, una visión interdisciplinaria.
Catedrática e investigadora en la Universidad Anáhuac, México. Maestría en Gerontología Médica y Social por el Centro Iberoamericano de Atención a la Tercera Edad.
Investigadora Agregada por la Academia de Ciencias, Licenciatura en Psicología por Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, Cuba.


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