Sociología del Envejecimiento

Las ciencias sociales, al igual que otras disciplinas científicas, han tratado de dar una explicación sobre el proceso del envejecimiento humano; el estudio desde lo social, ha sido abordado por diferentes teorías que analizan el papel que juegan en la sociedad las personas de edad avanzada

Por Dra. Rosa López Fernández (*)

Imagen ilustrativa: Huskyherz/Pixabay

Se ha planteado que los factores genéticos son solo 30% de los aspectos biológicos que explican el proceso del envejecimiento humano, el otro 70% corresponde al estilo de vida y a las condiciones ambientales. Por lo tanto, podemos inferir que los individuos tienen más control sobre su envejecimiento de lo que se ha pensado.

El enfoque social del envejecimiento ha sido abordado por diferentes teorías, que han intentado explicar el proceso de la vejez y su repercusión en la sociedad.

Para el enfoque social la frontera entre la etapa adulta y la vejez está muy relacionada con la edad física. Si bien es un asunto individual, tiene relación con las definiciones que la cultura otorga a los cambios ocurridos en el cuerpo, es decir, lo que se conoce como la edad social.

A continuación, se presentan las principales teorías sociales que han tratado de explicar el envejecimiento y el por qué ocurre.

Teorías sociales¿Qué dice?
DesvinculaciónAl llegar las personas a una determinada edad reducen la intensidad y frecuencia de sus relaciones sociales y las personas se centran, cada vez más, en su propia vida interior.
De los rolesLa adaptación de un individuo al proceso de envejecer depende de cómo va asimilando los roles que la sociedad le ha ido asignando según su edad, como por ejemplo el rol de abuelo, o el de jubilado.
De la estratificación
por edades
Los roles sociales se asignan a los individuos en función del grupo de edad al que pertenecen. Por ejemplo, las personas adultas mayores ya no trabajan o no pueden enamorarse.
De la continuidadLa persona de edad sigue siendo lo que fue desde que nació. Llegar a la edad adulta mayor no significa que la persona dejó de ser como era cuando joven, sino que sus rasgos como persona se acentúan y sigue siendo lo que siempre fue. Por ejemplo, si era una persona enojona, no quiere decir que cuando llegue a la etapa del envejecimiento va a dejar de serlo.
De la subculturaLas personas de edad avanzada tienen tendencia a interactuar más entre sí que con otros grupos de edad. Esta teoría trata de sostener la idea de que los ancianos se relacionan entre ellos mismos y tienen dificultades para establecer relaciones con otros grupos de edad.
De las representaciones socialesEs necesario conocer las vivencias que tienen los adultos mayores sobre su proceso de envejecimiento, para el establecimiento de políticas públicas. Los organismos encargados de establecer las políticas públicas en los países toman en consideración a este segmento de la población, que tiene sus propias formas de ver la sociedad e interactuar con ella.
Elaboración de la autora

Otro de los factores biopsicosociales, que debe ser considerado es el estrés, descrito por la literatura como acelerador del envejecimiento.

Desde el nacimiento, el ser humano inicia sus contactos con el mundo que lo rodea y a lo largo del camino de su vida estas vivencias lo ponen frente a una cadena interminable de estímulos positivos y negativos, los cuales marcan las huellas del envejecimiento.

Desde hace más de veinte años se han registrado estudios que establecen la vinculación entre las enfermedades de nuestra época y el estrés que viven los seres humanos en el día a día (Rocabruno, 1999).

Los ancianos, al ser miembros activos de la sociedad, se hallan inmersos también en las tensiones de la vida moderna, lo cual trae como consecuencia que aparezcan indicadores de estrés en estas edades.

El estrés en la vejez tropieza con un individuo que ha perdido capacidad física y psíquica para ello y que, por lo general, lo reconoce.

El envejecimiento por sí solo es ya un factor de estrés que puede desencadenar estados que impliquen empeoramiento de su salud.

La sociedad actual presenta estereotipos, creencias y mitos sobre la vejez con interpretaciones que son opuestas entre ellas mismas: positiva o idealizada (la “edad de oro”, cima de la sabiduría) y negativa (decadencia, deterioro).

Las personas adultas mayores tienen que reinsertarse en una sociedad que valora predominantemente la capacidad productiva. La sociedad moderna, con sus procesos de industrialización y urbanización, ve al anciano como una persona que ya no posee la fuerza ni la rapidez para producir con eficiencia, y por tanto no es apto para trabajar, considerando de poca utilidad su experiencia o dominio en algún oficio.

Así, la persona adulta mayor empieza a ser considerada como una carga, ante lo que el anciano se sentirá desorientado y descontento.

En la prevención y tratamiento del estrés en las personas que empiezan a envejecer, el manejo del ambiente es fundamental (Hansen, 2003).

Las acciones sociales, deberán estar dirigidas a actuar sobre las diversas situaciones estresantes y que, por tanto, puedan influir en la salud de las personas mayores, por lo que se hace necesario promover la participación social (promoción de grupos, incremento del apoyo familiar y social y técnicas de educación para la salud, entre otras).

Las personas adultas mayores continúan siendo un eslabón importante en las estructuras de las sociedades modernas.

Bibliografía:
Hansen, B. (2003). Desarrollo en la edad adulta. México: Manual Moderno.

Rocabruno, J. (1999). Tratado de Gerontología y Geriatría Clínica. Editorial.

Científico- Técnica. Ciudad de la Habana. Cuba.

(*) Dra. Rosa López Fernández

Doctor en Investigación Interdisciplinaria, Coordinadora del diplomado en Cuidados a las personas adultas mayores: retribuyendo a la vida, una visión interdisciplinaria.
Catedrática e investigadora en la Universidad Anáhuac, México. Maestría en Gerontología Médica y Social por el Centro Iberoamericano de Atención a la Tercera Edad.
Investigadora Agregada por la Academia de Ciencias, Licenciatura en Psicología por Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, Cuba.

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