Una reflexión necesaria ante el Capitaloceno y la 4RI

Hablar de la cantidad de personas conectadas a internet es un poco menos desigual que hablar de la cantidad de personas con responsabilidad significativa ante los cambios geológicos característicos del capitaloceno

Por Vanessa Romero Yahuitl (*)

Imagen: Gerd Altmann (Pixabay)

Desde que la vida apareció en el planeta han sucedido cambios significativos a nivel global, marcados por extinciones masivas, sequias, glaciaciones, y otros eventos geológicos útiles para entender las trasformaciones de la dinámica global bajo el impacto del tiempo.

El estrato geológico en el cual vivimos, es llamado Holoceno y comenzó después de la última gran glaciación del Pleistoceno hace aproximadamente 11,700 años, a partir de ese momento, la presencia del humano pasó de ser una especie peculiar en la familia de los primates a tener un papel cada vez más importante en el desarrollo geológico de la tierra.

Hoy en día, la tierra ha cambiado tanto gracias a nuestra existencia que se ha propuesto llamarle Antropoceno1 a la época en la cual las poblaciones humanas representan el papel protagónico de las transformaciones globales. Pero conviene hacer un análisis de la situación planetaria en la que nos encontramos, y ubicar en perspectiva a México ante las necesidades que depara el futuro del planeta.

En materia de organización social y económica, el desarrollo y progreso de las poblaciones humanas se ha medido con las normas de acumulación de riqueza material y poder político o social, dentro de un sistema de producción masiva que ha llevado a una demanda desmedida y creciente de recursos naturales, desencadenando una relación de destrucción con la naturaleza, por las razones anteriores se ha propuesto llamar a esta época Capitaloceno.2

Sin embargo sería irresponsable asumir que todos los habitantes del planeta tenemos el mismo peso de responsabilidad ante los daños ambientales, tanto los humanos que viven en condiciones de pobreza y baja industrialización, como la población económicamente dominante y con una huella ecológica alta, pues la mitad de las emisiones de CO2 al ambiente en el 2015 por ejemplo fueron a causa del 10% de la población mundial,3 es bien sabido que a medida que crece el “desarrollo económico” se incrementaban las desigualdades entre poblaciones, situación que también experimenta nuestro país.

En este escenario de crecimiento industrial y urbano, la ciencia y la tecnología han jugado un papel esencial, desde el aumento de la esperanza de vida de la población, hasta la capacidad de estar conectados casi automáticamente gracias al Internet, pasando por la capacidad de viajar a otras partes del planeta fácilmente e importar y exportar mercancías al otro lado del mundo en cuestión de horas.

Bajo este panorama la información ha cobrado un papel crucial, tras la llegada de la era de la digitalización, ha nacido el mercado de lo intangible, y la posibilidad de moldear el pensamiento de las masas casi de manera inmediata por medio de las noticias en internet y lo movimientos sociales cibernéticos, alcanzando un nuevo estrato de complejidad en las organizaciones humanas, pues muchos de nuestros recursos, impuestos o ganancias se han enfocado al mercado digital, como una estrategia de marketing, de direccionalidad del mercado y en últimas consecuencias, los medios de información digital son otra manera de tener poder.

Ahora bien, hablar de la cantidad de personas conectadas a internet es un poco menos desigual que hablar de la cantidad de personas con responsabilidad significativa ante los cambios geológicos característicos del capitaloceno, y reconocer su importancia en la estructura económica y social es una reflexión necesaria, pues cerca del 57% de la población mundial es usuaria activa de internet, con un crecimiento anual de varios millones4, aumento potenciado por el confinamiento debido a la pandemia causada por el riesgo del contagio del SARSCov-2.

Llegados a este punto del análisis el lector estará de acuerdo conmigo en que tener una población con profundas brechas de desigualdad social a nivel económico y cultural se convierte en un punto débil para nuestra economía y estabilidad nacional ante las catástrofes inesperadas, por ejemplo una crisis sanitaria causada por un virus desconocido.

Por este motivo es necesario luchar por dejar la indiferencia y apoyar desde nuestras posibilidades a los miembros de nuestra comunidad para redistribuir los recursos tanto económicos como culturales, y ante un mundo globalizado y una crisis como esta, lograr que cada vez menos personas perezcan de hambre o de ignorancia.

En nuestro propósito de tener una sociedad informada y con presencia activa en la construcción del futuro que todos queremos, debemos trabajar en ofrecer espacios de desarrollo intelectual a las generaciones futuras, hoy que tenemos información de carácter global de manera casi inmediata al alcance de nuestra mano, debemos luchar por convertir esa información en conocimiento, y en conciencia crítica, para evitar el analfabetismo informacional y estar enterados de toda actividad que contribuya a avanzar en contra de nuestros esfuerzos.

Referencias

  1. Antropoceno como término acuñado en el 2000 por Paul Crutzen (Premio Nobel de Química) para referirnos al intervalo geológico en el que la tierra está siendo alterada a niveles geológicos por actividad humana https://www.bbc.com/news/science-environment-37200489
  2. Concepto desarrollado por Jason W. Moore en un intento de asignar un sentido crítico a la responsabilidad de los cambios globales por influencia de un pequeño sector de la humanidad que busca la acumulación ilimitada del capital.
  3. Oxfam. 2015. Extreme Carbon Inequality.
  4. https://marketing4ecommerce.net/usuarios-internet-mundo/#:~:text=Mientras%20que%20en%20su%20informe,%2C%20una%20penetraci%C3%B3n%20del%2057%25.

(*) Vanessa Romero Yahuitl

Egresada de la facultad de Ciencias de la UNAM, con  experiencia en la docencia en el Colegio Hebreo Tarbut y en la divulgación científica en Universum,, Museo de la Ciencia, Mad Science Latino y en ferias de ciencia de la UNAM.

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