La nueva realidad del Arte y la Cultura

Muchas exposiciones, artistas y museos han optado por pensar en diferir hasta el próximo año sus proyectos, mientras encuentran las vías adecuadas para hacerse notar a su posible público en un mundo donde lo presencial se ha restringido hasta límites intolerables

Por Mtro. Marco Darío Balderas L. (*)

Imagen ilustrativa proporcionada por el autor

Es todavía muy pronto para saber cuál será la Nueva realidad del Arte, después de la actual pandemia del Covid-19, si es que ésta terminara pronto. Lo visible por ahora, es que los artistas no consagrados, es decir, los que viven al día, desde artistas plásticos hasta artistas de la calle, se enfrentan a una situación apremiante sin sueldo y una expectativa de ventas o de ganar algún dinero, bastante raquítica. Las galerías, antes cerradas pero que habían continuado con sus actividades en línea, han ido abriendo poco a poco, con aforos limitados por la normatividad sanitaria. Los museos, de igual manera, han abierto con cupos y horarios determinados, para evitar así ser lugares posibles de infección. También se han difundido exposiciones exclusivas por Internet y recientemente se dio el evento llamado Arte en resistencia que se presentó en una galería, cuya finalidad era crear un fondo de apoyo destinado para los artistas en situación vulnerable por la pandemia.

Las diversas exposiciones son organizadas con las medidas de seguridad necesaria: saneamiento con gel, sana distancia, cubre bocas, aforos determinados, citas programadas para visitarlas, etc. La mayoría de las personas están dispuestas a salir y arriesgarse para adquirir lo básico, pero no para adquirir arte o asistir a funciones de teatro, ni siquiera para ir al cine, espectáculos que apenas abren de nuevo con grandes restricciones. En redes sociales se pueden ver ofertas de diversas galerías para que los artistas envíen fotografías de sus obras con la ficha técnica y precios para ser difundidas y, a través de Internet poder ser vendidas. Un sitio ofrece hacer objetos (tazas, camisetas, plumas, etc.) y prendas de vestir con imágenes de los trabajos de los artistas interesados para ser comercializados mediante una comisión. Por el momento, las típicas inauguraciones multitudinarias donde las obras no permitían ver a las personas se han terminado, minimizando así la tan humana y necesaria experiencia física y social.

Muchas exposiciones, artistas y museos han optado por pensar en diferir hasta el próximo año sus proyectos, mientras encuentran las vías adecuadas para hacerse notar a su posible público en un mundo donde lo presencial se ha restringido hasta límites intolerables. El madrileño Museo del Prado, ha abierto una importante exposición que ha llamado Reencuentro.

Algunos artistas del teatro de la calle a cielo abierto, por ejemplo, en Coyoacán, se han reunido en grupos para apoyarse mediante peticiones al gobierno y a instituciones privadas mientras la emergencia pase. En el terreno del teatro profesional, se estima que las pérdidas serán enormes, y se han subido a la red talleres virtuales y obras teatrales que, sin embargo, no dejan dividendos. La posibilidad de que algunos teatros cierren definitivamente es probable, como lo han hecho negocios de toda índole como los restaurantes y comercios.

Mientras que la Secretaría de Cultura lanzó en marzo su convocatoria “Contigo en la distancia: movimiento de arte en casa”, para que los creadores y artistas interesados enviaran sus materiales que, ya aprobados se difundirían en las plataformas de Internet y en redes sociales con el fin de “incentivar a la comunidad” y “garantizar que la sociedad tenga acceso a productos y contenidos de calidad”.

Es central para la cultura en estos momentos la labor de todos los medios electrónicos y el papel de las plataformas sociales. Se transmiten en ellos conversatorios, conferencias, festivales y es frecuente que las personas interesadas se encuentren de pronto con sus temas afines, los escuchen y vean, a diferencia de antes, que solo eran atendidos por personas relacionadas con esos grupos e instituciones que ahora los difunden a veces gratuitamente, a veces mediante una cuota simbólica. Es común ahora que las personas calendaricen los eventos que son anunciados con antelación para hacer su propio menú cultural: música, literatura, filosofía, historia, etc. Este fenómeno, beneficioso en sí, ha venido a enriquecer a quienes nos interesamos en diversos temas a los que antes no teníamos fácil acceso.

Inmersos en la Nueva normalidad, viendo a quienes nos rodean, temerosos de ellos, medimos el supuesto metro y medio de distancia con toda la parafernalia del caso. Además, si fuéramos a presenciar una obra de teatro, trataríamos de situarnos en un lugar (imaginario) donde no nos llegue el ramalazo del virus y dejamos unos asientos de espacio. Nos esforzaremos para que la pieza catalice nuestros temores y salgamos transformados siquiera un poco para hacer frente a una realidad insospechada.

Muchos se ejercitan físicamente en sus departamentos o casas a falta de la libertad de andar libremente, otros agarran el cigarro y el alcohol, otros cultivan sus virtudes. Esto, ciertamente se ha convertido en una búsqueda que, esperemos dé frutos humanísticos a la postre, aunque la realidad nos muestre aspectos sombríos difíciles de superar. En tanto, el gobierno de México ha recortado severamente el presupuesto para la cultura.

Mientras, los teóricos y promotores culturales expresan sus opiniones y sus críticas, entre los que se encuentran propuestas para la transformación del panorama cultural, la atención al desarrollo de las diferentes artes y de las artesanías, la responsabilidad del Estado en el apoyo a los creadores, el resurgimiento de temas como el del ingreso mínimo para los profesionales de la cultura o el del seguro médico para artistas. Se habla también del deber de la sociedad para el apoyo a este sector, pues la cultura incide benéficamente en todos los temas sociales: el medio ambiente, la igualdad de género, la salud y, por supuesto, la educación, entre otros muchos. Para esto, serían de gran apoyo créditos públicos y privados para que sus productos tengan salida a los mercados y cumplan su ciclo de sustentabilidad. Se ha mencionado que para hacer posibles estos objetivos es necesario atender la Agenda 2030 y sus objetivos y metas que, desde el 1º de enero de 2016, conducen los esfuerzos de los países para lograr un mundo sostenible para el año 2030 y que tiene como mayor reto la erradicación de la pobreza, requisito fundamental para lograr un desarrollo sostenible. Esta Agenda, promueve la inclusión participativa de cada uno de los sectores de la sociedad. Estos temas se trataron en el conversatorio de la Secretaría de Cultura México creativo, donde se ha hecho énfasis en el tema de la construcción de la transversalidad en los proyectos culturales: sociedad, empresas y gobierno.

Cito el texto de la Comisión de los Derechos Humanos sobre la propia transversalidad del fenómeno cultural:


La transversalidad del concepto de cultura hace también que disponga de un extenso campo semántico en el que se engloban las formas de vida, el lenguaje, la literatura escrita y oral, la música y las canciones, la comunicación no verbal, los sistemas de religión y de creencias, los ritos y las ceremonias, los deportes y juegos, los métodos de producción o la tecnología, el entorno natural y el producido por el ser humano, la comida, el vestido y la vivienda, así como las artes, costumbres y tradiciones. Ello ha propiciado que resulte más idóneo referirse al género de los derechos humanos culturales en lugar de un derecho humano a la cultura, sin perjuicio de que pueda argumentarse su reconocimiento como tal.1

Mientras se define esto, el espectador, el lector, el admirador del Arte navega en Internet para encontrar esos ingredientes básicos para que el ser humano no regrese a la barbarie: el arte y la cultura. En tanto que los artistas buscan los caminos para lograr superar esta crisis y adaptarse a esta nueva realidad. Esta actual condición cultural recuerda la dirección teatral de una versión de la obra Esperando a Godot por Susan Sontag en Sarajevo en 1993, con los tanques recorriendo las calles de la ciudad sitiada y las bombas cayendo cerca.

Referencias electrónicas

https://www.cndh.org.mx/sites/default/files/documentos/2019-05/Cartilla-DH_Culturales.pdf, p. 8

(*) Marco Darío Balderas L.

Historiador por la Universidad Iberoamericana y pintor por el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Ha sido investigador y redactor en numerosos proyectos editoriales y ha realizado varías exposiciones y murales privados y comerciales. Ha practicado la docencia en diversas instituciones y se ha desempeñado también como bibliotecario. Actualmente es investigador y redactor en la Fundación Miguel Alemán A.C.

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