Sobre la naturaleza lacustre de la CDMX

Hay que recordar que la cuenca de México es un territorio de alto almacenamiento de agua. Desde tiempos prehispánicos, Tenochtitlan y los pueblos aledaños formaban una ciudad lacustre, donde la población utilizaba los lagos y canales para la agricultura, el comercio y el transporte

Por bióloga Vanessa Romero Yahuitl (*)

Imagen ilustrativa: Luis Ángel Barrientos Salas (Wikimedia Commons)

La riqueza natural que México posee comienza desde la diversidad de su territorio compuesto por cordilleras volcánicas y sierras que se entrelazan provocando una valiosa diversidad de ecosistemas y un subsuelo rico en mantos freáticos y cavernas.

La CDMX no escapa de estas riquezas naturales, a pesar de ser el centro urbano más grande del país. La Sierra Nevada, la Sierra de las Cruces y la Sierra del Chichinautzin, coronan la ciudad con cerros, montañas y volcanes emblemáticos, de los cuales emanan ríos y escorrentías temporales generando cuerpos de agua y ecosistemas remanentes, como fragmentos de bosques, matorrales, y humedales que amortiguan las aguas de lluvia almacenando una parte y filtrando el resto hacia el subsuelo, brindando así servicios ecosistémicos a la población.

Hay que recordar que la cuenca de México es un territorio de alto almacenamiento de agua. Desde tiempos prehispánicos, Tenochtitlan y los pueblos aledaños formaban una ciudad lacustre, donde la población utilizaba los lagos y canales para la agricultura, el comercio y el transporte, con un entendimiento de la dinámica del agua que les permitía aprovechar calzadas, diques y canales dependiendo de las temporadas de lluvia; sin embargo, tras la conquista española llegó la urbanización de la cuenca hidrológica apostando por la desecación del territorio mediante gigantescas obras hidráulicas para combatir las frecuentes inundaciones y hundimientos.

Bajo esta visión de progreso, la ciudad de México sigue creciendo en número de habitantes, poder político y económico; pero a medida que se extiende la mancha urbana aumentan los deshechos de aguas negras y se reducen las zonas de infiltración de agua de lluvia y la capacidad de recarga de acuíferos, provocando la contaminación de mantos freáticos, escasez de agua potable, hundimientos e inundaciones territoriales en zonas urbanas a pesar de la ingeniería hidráulica en constante innovación para mantener el funcionamiento de la gran urbe.

En la zona sur-este de la ciudad, se mantienen vivos algunos remanentes de ecosistemas lacustres, como las regiones chinamperas, las cuencas de Cuemanco y Xochimilco, y la zona de humedales de Tláhuac, que se conectan entre sí y, junto con el suelo de conservación de territorios cercanos, amortiguan los impactos del crecimiento urbano y de las escorrentías de agua en tiempos de lluvia abundante.

Estas demarcaciones representan un territorio estratégico para el buen funcionamiento del sistema hídrico de la ciudad por los motivos antes mencionados, y porque son refugio importante para aves migratorias, hogar de especies endémicas características como el ajolote y potenciales zonas de producción agrícola.

La región lacustre de la CDMX es tan importante que se ha ganado el carácter de protección de sitio RAMSAR, una distinción de importancia internacional que se otorga a zonas que albergan ecosistemas únicos, hogares de especies endémicas o amenazadas.

Además de su inigualable valor ecológico y ambiental, la riqueza cultural de la zona lacustre de la CDMX concentra poblaciones con culturas ricas en tradición y cosmovisiones que se conservan desde tiempos anteriores a la conquista española, como los pueblos originarios de San Pedro Tláhuac, San Andrés Mixquic, San Gregorio Atlapulco y los pueblos y ejidos de Xochimilco, razón por la cual se considera patrimonio de la humanidad por la Unesco.

Reflexión final

La visión histórica de la emblemática Ciudad de México y su naturaleza lacustre con humedales y cuencas nos dan muestra de la compleja dinámica de aguas de nuestro territorio, una dinámica hidrológica que la ciudad se rehúsa a entender, pues nos hemos acostumbrado a ver cómo se hunde nuestro territorio año con año, y hemos aceptado el caos vial de cada temporada de lluvias; pero no acabamos de entender que la ciudad nos pide a gritos, en forma de inundaciones, hundimientos y ríos contaminados, que necesitamos reflexionar sobre nuestra relación con el recurso hídrico, con el fin de coexistir con la cuenca de México, en lugar de existir sobre la cuenca de México. Ésta es la entrada de una reflexión pendiente, que esperamos seguir abordando en este foro.

Referencias

Díaz Rodríguez, Jorge. (2006) Los suelos lacustres de la Ciudad de México, Rev. Int. de Desastres Naturales, Accidentes e Infraestructura Civil. Vol. 6.

Fundación UNAM. (s.f.). La UNAM te explica: La historia hidrológica de la Cuenca de México. Recuperado de https://www.fundacionunam.org.mx/ecopuma/la-unam-te-explica-la-historia-hidrologica-de-la-cuenca-de-mexico/

Gobierno de la Ciudad de México. (s.f.) Reconocimiento y declaratorias. Ramsar. Recuperado de https://azp.cdmx.gob.mx/storage/app/media/RAMSAR1.pdf

Secretaría de Medio Ambiente de la Ciudad de México. (s.f.) Localización geográfica de la Ciudad de México. Recuperado de http://data.sedema.cdmx.gob.mx/biodiversidadcdmx/geografia.html

(*) Bióloga Vanessa Romero Yahuitl

Egresada de la Facultad de Ciencias de la UNAM, con experiencia en la docencia en el Colegio Hebreo Tarbut y en divulgación científica en Universum, en el Museo de la Ciencia, en Mad Science Latino y en ferias de ciencia de la UNAM.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s