La educación que duele

Sentir este México duele, porque las políticas educativas de emergencia intentan sacar adelante a sólo un grupo de niñas y niños que afortunadamente son privilegiados (lo que signifique esto en cada hogar), pero que se le olvida que en las ciudades hay niños haciendo sus tareas sentados en la banqueta de una calle, tratando de captar alguna red abierta de internet porque en un celular familiar o en casa no hay acceso a este beneficio

Por Fabiola Pérez Rodríguez (*)

Imagen ilustrativa: Canva

La mayoría de las niñas, niños y adolescentes mexicanos “regresaron” hace un par de días a clases. Es mi intención ser irónica y hacer hincapié en la palabra “regresaron” por que hasta ahora ha sido todo menos un regreso. ¿A qué regresaron? ¿A las aulas? No. ¿A un sistema educativo preparado para enfrentar la educación a distancia? De ninguna manera. ¿A una educación de calidad? tampoco. ¿A una educación inclusiva y sin discriminación a la que todes puedan acceder? Mucho menos.


Sin duda, el sistema educativo mexicano se encuentra colapsado, pero también se enfrenta a distintos tipos de México. Esta realidad no es fácil de enfrentar ya que por muchas décadas se ha perpetuado acentuando privilegios y fortaleciéndose en las desigualdades sociales que subsumen los derechos de muchas personas en una fuerte discriminación estructural, interseccional y de oportunidades para sobresalir. México es muchos Méxicos.


Tenemos un México lleno de privilegios, donde hay internet, televisión, escuelas privadas más preparadas (en el mejor de los casos). Ese México no duele tanto, es un México que incluso está dividido, entre los que no sufren ninguna carencia y que jamás la sufrirán, y otra parte en el que no la sufren tanto a base de mucho esfuerzo laboral pero que al final también es privilegiado. Esos hijos e hijas de un México más privilegiado, de alguna u otra manera están más preparados (o se ajustan a ello) para poder enfrentar una educación a distancia (con los inconvenientes que ello implica).


Tener un celular, una Tablet o computadora e internet hoy en día para este grupo de personas parece ser una necesidad básica, y ¿cómo no? Si el mundo nos demanda conexión, nos demanda educación y trabajo a distancia. Nadie estaba preparado para lo que sucedió, esta pandemia nos arrasó a todos, a unos más que otros, pero cualquier evento fortuito siempre lastima más cuando la carencia duele en los pies, en el estómago y en las manos. Y sobre ese México y su educación hay que poner atención.


Nuestras niñas, niños y jóvenes, “regresaron” a una propuesta educativa que intenta subsanar la distancia que en este momento no nos es permitida, pero que olvida que hay un sector de la población (y no precisamente pequeño) que no cuenta con internet, televisión, computadoras o tablets, porque no hay luz, internet ni señal de televisión en sus casas. A esta propuesta educativa (de quien venga) se les olvidó el México rural, pero también el México urbano que cuenta quizás con un celular pero que no puede pagar el internet del mismo por que el uso de los datos está limitado a los 100 pesos que puede ponerle un padre o una madre a la semana.


Sentir este México duele, porque las políticas educativas de emergencia intentan sacar adelante a sólo un grupo de niñas y niños que afortunadamente son privilegiados (lo que signifique esto en cada hogar), pero que se le olvida que en las ciudades hay niños haciendo sus tareas sentados en la banqueta de una calle, tratando de captar alguna red abierta de internet porque en un celular familiar o en casa no hay acceso a este beneficio. Y ante ello nos preguntamos, ¿el internet público es un derecho? En países más desarrollados lo es o al menos es una discusión que se comienza a dar, pero ¿cómo garantizar un derecho tan avanzado (y necesario) cuando aún tenemos un gran sector de la población que no tiene un suelo firme, agua, luz, educación y 3 comidas en su mesa todos los días? Y al parecer este México se les olvidó a las autoridades educativas… otra vez. ¿Cómo recibirán en estos momentos educación preescolar, primaria y secundaria, ni hablar de la Preparatoria y la Universidad, pues pocas oportunidades hay, pero cómo hacerlo aún así sin televisión, sin internet y sin poder asistir a las pocas (y lejanas) aulas de las escuelas rurales? Ese es el gran reto al que el México profundo se está enfrentando en estos momentos y que les pone nuevamente en desigualdad. La educación que hoy no reciban pesará a la larga, por que entre menos acceso y aprovechamiento de la educación se tenga, menores oportunidades de salir adelante (de manera legal) se encontrarán en la vida.


México se está enfrentando a una de las peores pesadillas, una economía en crisis, un sistema de salud en emergencia y francamente a punto de quiebre, pero más allá de ello, está dejando de lado a millones de niñas, niños y adolescentes sin educación oportuna, colocándolos en una grave situación de desigualdad y cortándoles de tajo las pocas oportunidades de un mejor futuro. Esta es la educación que duele, la que se da a cuentagotas o peor aún, la que no se da.

(*) Fabiola Pérez Rodríguez

Abogada por la Universidad Iberoamericana y, en Innovación y Liderazgo en Gobierno por la Universidad de Georgetown, especialista en derechos humanos y gestión pública. Ha colaborado en diversas instituciones del sector público, como SEGOB, SEDESOL, INEA y CONAPRED; así como en organismos internacionales como la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Miembro de la Red ILG de Georgetown y asesora de organizaciones civiles en materia de desarrollo social y humano.
Contacto: fabiola.perezrod@gmail.com

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