Crece el debate y el conflicto de intereses por el uso del Glifosato en México

El conflicto de intereses ante la prohibición del uso del glifosato es una resistencia ante la necesidad de un cambio de paradigma en la agricultura

Por bióloga Vanessa Romero Yahuitl (*)

Imagen ilustrativa: Hpgruesen/Pixabay

Recientemente ha vuelto a ser noticia el tema del uso del glifosato en territorio mexicano, a raíz de una polémica encabezada por Victor Toledo, responsable de la SEMARNAT debido a la presión ejercida por el sector agroindustrial para seguir permitiendo el uso de glifosato en el país. (Si aún no le queda claro al lector el impacto del glifosato en los ecosistemas y qué tan utilizado es en México, le invitamos a leer el artículo titulado El glifosato en México, publicado en Scripta Manent.

En el reciente conflicto, la SEMARNAT se ha mantenido firme en su compromiso, suspendiendo las importaciones de glifosato con el objetivo de eliminar su presencia en tierras mexicanas para el 2024, junto con otros 80 plaguicidas, compromiso respaldado por un extenso grupo de académicos, estudiantes y cerca de 21 redes de ambientalistas que firmaron una carta en la que piden la continuación de las estrategias políticas en contra del uso de agrotóxicos en el país.

Sin embargo, esta decisión ha causado escozor en quienes se oponen a dejar de utilizar este agroquímico de manera masiva en territorio nacional, pues es utilizado habitualmente para asperjar monocultivos de especies económicamente importantes, como el maíz, la caña de azúcar y el frijol, entre otras especies dependientes de plaguicidas.

Argumentar que la prohibición del uso del glifosato para fines agroindustriales implica pérdida de toneladas de producción y significaría un retroceso económico para la agricultura, evidencia una fuerte oposición a modificar los usos y costumbres de producción en monocultivo que se tienen desde hace aproximadamente 40 años, con prácticas obsoletas y dañinas para los ecosistemas, la biodiversidad y la salud de los polinizadores.

Hace décadas no teníamos una crisis climática causada en parte por la agricultura industrializada tan aguda como la que tenemos hoy en día, y no existía la evidencia científica del daño que causan los agroquímicos como el glifosato en los ecosistemas, en la biodiversidad y la salud humana.

Conviene aclarar que el carácter potencialmente cancerígeno del glifosato no es el único daño a la salud humana; también se ha detectado su presencia conservada en fluidos corporales como la orina y la leche materna. Además, al estar asociado directamente al deterioro de los ecosistemas, mantos freáticos y la salud de polinizadores atenta directamente contra el derecho humano a un ambiente sano.

Además de su presencia en la agricultura, el glifosato es utilizado para erradicar cultivos de amapola y marihuana mayoritariamente en la zona sur-este del país, con el objetivo de combatir la industria del narco, una estrategia altamente peligrosa para la biodiversidad, pues tenemos que recordar que el glifosato es un herbicida de amplio espectro que actúa sobre una vía metabólica específica en plantas y mata todo tipo de vida vegetal que no haya sido transformada genéticamente para resistir su presencia en el ambiente.

Esta práctica se lleva a cabo con helicópteros que distribuyen el herbicida en zonas de bosques y pastizales nativos en territorios alejados de la sociedad, donde se encuentran estos cultivos ilegales, y en muchos casos son suelos de conservación o ecosistemas con poca presencia humana, implicando gran pérdida de biodiversidad nativa y daño ecológico grave.

El conflicto de intereses ante la prohibición del uso del glifosato es una resistencia a la necesidad de un cambio de paradigma en la agricultura. Esta prohibición es un llamado a la implementación de nuevas estrategias de producción agroecológica, bajo una necesidad de conciliar la producción agrícola con la salud humana, la protección de los ecosistemas y la biodiversidad.

Los expertos en el estudio de la vida, están convencidos de que hay estrategias para cubrir las demandas de producción primaria sin el uso de agrotóxicos, y es necesario que quede claro que la búsqueda de la soberanía alimentaria por medio de la sostenibilidad, la defensa del medio ambiente y la salud es una situación apartidista y de carácter científico, no es un capricho de la administración actual.

Referencias:

https://www.conacyt.gob.mx/images/ciencia_sociedad/inforgrafia_maiz_.pdf
Watts M. & Williamson S; Replacing Chemicals with Biology: Phasing out highly hazardous pesticides with agroecology ISBN 978-983-9381-70-2

(*) Bióloga Vanessa Romero Yahuitl

Egresada de la Facultad de Ciencias de la UNAM, con experiencia en la docencia en el Colegio Hebreo Tarbut y en divulgación científica en Universum, en el Museo de la Ciencia, en Mad Science Latino y en ferias de ciencia de la UNAM.

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