Redescubriendo la cultura jesuítica

La importancia de la investigación histórica y la cultura humanística como un antídoto contra la barbarie

Por Mtro. Marco Darío Balderas

Imagen ilustrativa: Enrique Íñiguez Rodríguez (Wikipedia, bajo licencia de Creative Commons)

El Coloquio contra la barbarie del hombre, el mayor bien de la cultura se llevó a cabo el 28 de noviembre de 2019, en el Instituto Mora. Sus contribuciones a la cultura mexicana y universal, sin embargo, siguen vigentes. Por ello, retomamos las principales contribuciones de los ponentes.

La doctora Ana Rita Valero presentó el coloquio y comenzó con la siguiente frase: «Del pasado prehispánico no sabemos nada; en la época virreinal no pasó nada y en la Independencia más valía que no hubiera pasado nada».

Habló de la importancia de siempre «ir más allá» en la interpretación e investigación históricas y de lo interesante del tema, así como presentó a los primeros participantes.

El primer ponente fue el profesor Natale Vacalebre, de la Universidad de Pensilvania, con la conferencia «El puente y la cruz. La vocación bibliográfica de la Compañía de Jesús entre Europa y América Latina en la primera Edad Moderna». Mencionó que la cultura humanística es como un antídoto contra la barbarie y que el libro fue antes, la llave para entrar por la puerta del conocimiento y que se compraba un libro porque se tenía que tener y ahora se compra porque se tiene que leer.

Señaló que el fundador de la orden jesuítica —Ignacio de Loyola— se comenzó a interesar por los libros hasta la edad de los 34 años, en la universidad de Alcalá; pero las bibliotecas que creó la Compañía se extendieron por todo el mundo y que la interpretación documental es fundamental para estudiarlas.

Subrayó que la legislatura jesuítica de bibliotecas hecha en el Colegio de Cohimbra (1545), fue muy avanzada para organizar sus colecciones; por ello, las bibliotecas jesuíticas fueron las mejores de la edad tipográfica y también muy funcionales para las ciudades en las que trabajaban los miembros de la Compañía.

Una fuente documental «abundante para su estudio, son los inventarios del siglo XVIII que se han convertido en testigos de la memoria y los que se hicieron durante la expulsión de la Compañía de los dominios españoles en 1767».

Vacalebre mencionó la bibliografía más importante sobre estos estudios de las bibliotecas ignacianas y de su evolución en todos los continentes, su conformación y su uso. Dio el enlace para su estudio.

Recordó que, durante la incautación (1767), gran cantidad de libros fue comprada por volumen, por el kilo, y consideró que para ver «más allá» en el tema se deben consultar los registros contables, libros de cuenta, adquisiciones directas, donaciones de las personas afines a la Compañía, legados y testamentos, muchos de ellos en el Archivum Romanum Societatis Iesu.

Las bibliotecas fueron formadas con vocación intelectual, por lo que tuvieron una gran calidad que fue útil para la enseñanza, la predicación y la evangelización.

Desde el siglo XVI hubo necesidades intelectuales por las que se formaron microbibliotecas particulares. Existen listas de libros que fueron comprados y registros de préstamos, muy útiles para conocer la formación de las bibliotecas y el uso de los libros.

Destacó también la importancia del análisis autóptico para saber los orígenes de los libros, los rastros materiales, como las marcas de fuego que son exclusivamente mexicanas. Para Vacalebre, la experiencia jesuítica es una de las empresas intelectuales más audaces de la historia.

En la primera mesa del coloquio «¿A quién leyó Miguel Venegas cuando escribió Noticias de California? La reconstrucción de sus lecturas sobre historia natural», la primera intervención fue de Angélica Morales, del Centro de investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM, quien dijo que la historiografía de la Compañía de Jesús es abundante, aunque se ha descuidado el estudio de la ciencia jesuítica en favor de su labor evangelizadora y religiosa.

Mucha de esta literatura científica, se inscribe en las necesidades de las misiones de la Compañía. Estas obras naturalistas, como las de Francisco Hernández y Joseph de Acosta, incluyen botánica, zoología, antropología, aunque durante la incautación de 1767, los que tenían el monograma JHS fueron desechados y olvidados.

En Las causas de la naturaleza y su utilidad, se han detectado en el intercambio epistolar de los jesuitas como noticias edificantes y curiosas. En las cartas se notan técnicas de observación, claridad, diligencia y corrección descriptivas.

Se sabe que Miguel Venegas nunca fue a California, pero consultó archivos relacionados por las lecturas que señaló de autores como Acosta, Hernández o Monárdez.

Ana Cecilia Montiel Ontiveros, de la Universidad Autónoma del Estado de México, disertó sobre «La colección de libros del Colegio de Pátzcuaro». Dijo que el colegio fue fundado en 1577 y su investigación se ha centrado en el estudio de sus inventarios (Libro 413) y aseguró que el inventario «Del común«, es decir, la biblioteca propia del colegio no existió, sino el inventario de papeles, que fue el archivo del colegio y los datos de cada sacerdote y las listas de sus libros que tenían en sus celdas, ordenados por abecedario en los inventarios de incautación de 1767.

Apuntó que en 1539 se fundó Pátzcuaro por Vasco de Quiroga, y que fue la sede del Obispado de Michoacán, aunque después pasó a Morelia (Valladolid). Es muy importante la colección de libros del Seminario de Santa Catarina, que se encuentra frente al Colegio, con 1833 libros en total.

Había siete padres que tenían libros. Se encuentra la lista por aposentos y hay libros en otomí y tarasco, y numerosos de teología moral. Se sabe que la biblioteca estaba actualizada y que los libros se leían, así como la procedencia de las ciudades de las obras.

La profesora Guadalupe Rodríguez, de la Universidad de San Luis Potosí, habló sobre «Los impresos mexicanos y limeños jesuitas, siglos XVI y XVII». Señaló que estos impresos se dan a partir de 1577 y refirió brevemente las listas de obras y autores. Tanto en México como en Perú estuvo el editor piamontés Antonio Ricardo y explicó detalles de los estilos de impresión con grabados provenientes de diversos archivos y las particularidades de cada libro para encontrar su verdadera procedencia, ya que algunos están mutilados o incompletos.

La segunda mesa se dio en parte vía Skype. En ella, disertó el profesor Alberto Campillo, de la Universidad del Rosario en Colombia, con el tema «La biblioteca del padre Tomás Nieto Polo: el proyecto educativo jesuita en la América Colonial, siglo XVIII». Habló de la importancia del Registro de navíos, que son los listados de los libros de barcos que salían a América, hecha en la Casa de Contratación de Sevilla y que eran revisados por la Inquisición, que daba la Licencia Inquisitorial después de registrar los cargamentos de cajas.

El que se refiere al de la biblioteca del jesuita Tomás Nieto Polo, es de 1749, y consta de 122 cajones de libros embarcados en el barco Nuestra Señora de los Ángeles. El padre Polo fue Procurador de la Provincia de Quito y rector del noviciado. Escribió una gramática en lenguas indígenas (quechua), fue un procurador ilustrado con una biblioteca dedicada a la educación y la evangelización. Constaba de 783 ediciones con 9,909 libros en total, en octavo, folio, cuarto y 16avo.

Estuvieron destinados para la provincia de Quito y hay títulos como El dulce yugo de Cristo y El Marañón y el Amazonas. También incluía títulos científicos con temas de química, medicina y geografía, astronomía, biología, geometría y zoología.

Oficialmente, es en 1755 que la imprenta llega a Quito, según algunos es el padre Polo quien la introduce en 1750, pues en su lista de viaje están consignados tipos, moldes y una base de imprenta.

El siguiente conferencista, pasando para después a la maestra Idalia García, fue Luis Alexis Pacheco Martínez, de la ENAH, con el tema «El padre Vacaciones Montes. Provincial de nuestro gran desorden… según un desordenado en 1734».

Pacheco apuntó que este documento se encuentra en la Biblioteca Eusebio Kino y en él se cuenta la vida faceta del Padre Vacaciones, un sobrenombre del verdadero autor, contada en forma de una hagiografía: lo que edifica, o que enseña. En el libro cuenta su vida y pormenores de la vida jesuítica, especialmente sus salidas o vacaciones a la hacienda de Jesús del Monte, en un tono ligero y divertido. Dijo que se piensa por deducciones que el verdadero autor fue el jesuita Domingo de Paz nacido en 1706 en la Ciudad de México y que llegará en 1737 a Guatemala. Esta obra es importante, ya que da información sobre las actividades cotidianas de los padres de la Compañía.

Posteriormente, fue Hugo Daniel López, de la Universidad Autónoma de Querétaro, con el tema «La biblioteca de la Compañía de Jesús en Querétaro: problemáticas de la metodología y estudio».

Dijo que su estudio es parte de la historia social de la cultura escrita y versa sobre el Fondo Antiguo de la Universidad Autónoma de Querétaro, cuyo sello es la marca de fuego SXrQ, que indica las iniciales San Xavier de Querétaro.

Anotó que el Colegio de San Ignacio se fundó en 1625, y que en 1680 se edificó el Seminario de San Francisco Xavier. Que la mayor parte de los libros es del siglo XVIII y están en latín, y en varios formatos como el folio. Están encuadernados en pergamino y hay muchos libros europeos, muchos editados en Lyon, Francia, y el tema predominante es el teológico.

Refirió que no hubo de hecho una biblioteca como tal, sino que se concentraba en los aposentos privados de los padres, y que las obras eran de lectura individual y colectiva. Habló de los pormenores para saber la procedencia y el uso de esos libros.

Tocó finalmente a la maestra Idalia García, del IIBI-UNAM, organizadora del coloquio, disertar con el tema «Al servicio de Dios y por la salud de las almas: libros para los jesuitas novohispanos durante el siglo XVII».

Habló de la Biblioteca del Colegio de San Pedro y San Pablo de la Ciudad de México y que no fue formada aquí, sino que perteneció originalmente a un obispo canario y que se ha podido rastrear por la llamada Carrera de Indias el movimiento de libros y bibliotecas que llegaron a América. Esto, ya que el libro era una mercancía, pagaba impuesto de navería, aunque estaban exentos de impuestos como tales. Muy importante es la Memoria de Francisco de Florencia y sus documentos del cajón con la lista de precios de los libros y de los autores para conocer la formación de la biblioteca.

Se puede concluir que, aunque breves, las ponencias de este coloquio, dieron importante información sobre un tema tan vasto como lo son las formaciones de las bibliotecas jesuíticas y su destino, hasta que fueron incautadas por el Estado español en 1767, ya que éste vio como una amenaza el creciente poder de la Compañía de Jesús, adscrita al poder papal: más que un poder espiritual, el poder de otro Estado dentro de sus dominios.

También dio a conocer las opiniones de especialistas sobre los problemas metodológicos dentro del tema y reconoció la importancia de la cultura escrita de esos siglos, en contraste con la actual cultura digital.

(*) Mtro. Marco Darío Balderas

(*) Historiador y pintor Marco Darío Balderas

Historiador por la Universidad Iberoamericana y pintor por el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Ha sido investigador y redactor en numerosos proyectos editoriales y ha realizado varías exposiciones y murales privados y comerciales. Ha practicado la docencia en diversas instituciones y se ha desempeñado también como bibliotecario. Actualmente es investigador y redactor en la Fundación Miguel Alemán A.C.

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