La justicia en México, una quimera

La autora señala que las universidades enseñan a amar el derecho, pero al litigar, al practicar, lxs estudiantes se enfrentan a una realidad para la cual no están preparadxs, porque la impartición de justicia en México es una cosa muy distinta a los libros de texto.

Por Fabiola Pérez Rodríguez (*)

Imagen ilustrativa: Quimera, de Jacobo Ligozzi (1547-1627). Tomada de Wikipedia-Colección del Museo del Prado

Convertirse en abogadx1 es el sueño de muchas personas, siempre ha sido visto como una de las carreras donde se puede lograr reconocimiento ayudando a las demás personas; sin embargo, también existe un lado negativo que nadie te dice cuando estás en la escuela, a todxs nos enseñan que la justicia es ciega, ésta debe ser para todxs, debe ser imparcial y debiera ser integral, pero la justicia en México tiene un ojo tapado y el otro no tanto.

Muchas personas estudiantes de derecho cuando llegan a las universidades piensan que los juicios tendrán aquel carácter de los tribunales americanos y, al terminar la carrera, sabemos que esa no será nuestra realidad. La justicia en México es una quimera: un animal fantástico que sólo ven y enfrentan con éxito quienes están más y mejor preparados. Desafortunadamente, sólo da razón a quien le da el distractor más brillante, es decir, a quién puede pagar para acceder a ella y en muchos casos, por ella.

Como estudiantes aprendemos lo hermoso que es el derecho mexicano, te enamoras de las obligaciones, del sentido protector del amparo, de la justicia social del derecho laboral, de las posibilidades del derecho internacional y de la razón de ser de los derechos humanos, entre muchas otras razones.

En las universidades nos enseñan a amar el derecho, pero al litigar, al practicar, te enfrentas a una realidad para la cual no se prepara a lxs estudiantes. La impartición de justicia en México es una cosa muy distinta a los libros de texto.

Quisiera poder hablar de un sistema de justicia perfecto, pero todxs sabemos que más que perfecto es perfectible; como sabemos, la realidad de esta quimera es otra, tiene cuerpo de cabra, cabeza de león y cola de dragón. Cabra porque muchas veces hace lo que le dicta la política en turno o las conveniencias del juzgador. León porque es feroz para unas cosas, pero flojo para muchas otras. Y, dragón porque puede atacar con toda su fuerza y quemar a cualquiera sin ver si en realidad tenía razón.

El problema de que el sistema de justicia mexicano sea una quimera es que —entre más lejano y entre más abajo estés de la línea media de ingreso nacional— más pronto te devorará. Y este es quizás el mayor problema del sistema de justicia en nuestro país: la desigualdad en el acceso e impartición de justicia.

Sin duda, en los últimos años han existido grandes avances en la resolución de casos a favor de personas y grupos en situación de desigualdad. Reconozco la enorme labor de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y de algunos Tribunales Federales por dotar de interpretaciones pro persona ante leyes que se han quedado atrás en la protección de derechos humanos de todas las personas sin distinción alguna. Sin embargo, aún falta mucho por hacer.

Necesitamos que la justicia permee a todos los niveles. La mayor impartición de justicia se da a nivel local y es ahí donde con mayor dificultad se comprende la necesidad de que todas las personas no sólo podamos acceder a la justicia, sino también a su impartición.

En los juzgados, en las juntas locales, en los tribunales estatales se necesita mayor conocimiento de los derechos humanos, pero, sobre todo, sensibilidad de lo que implica tener en tus manos la posibilidad de juzgar sin discriminación.

Necesitamos juzgados, juntas y tribunales verdaderamente imparciales, no sólo porque lo diga la norma, sino porque es necesario atender a los hechos para dictar derecho; sin importar el nombre de quienes firmen o de los intereses personales, políticos o económicos que se encuentren detrás de cada asunto. Siempre tomando en cuenta la realidad social y particularmente con una interpretación normativa de los derechos humanos a favor de las personas.

Necesitamos abogadxs mejor preparadxs para la realidad mexicana. Las universidades deben no sólo enseñar teoría, sino fortalecer la práctica; pero no cualquier práctica. Buscamos una práctica social, responsable y coherente con los valores de cada universidad, pero, sobre todo, fiel a la justicia. Necesitamos una práctica del derecho honesta, comprometida, porque —de lo contario— estaremos nadando en el mismo pozo sin fondo de siempre.

Necesitamos más y mejores defensores de oficio, no todas las personas pueden acceder a un abogadx por honorarios. La mayoría de las personas de escasos recursos y/o perteneciente a grupos en situación de discriminación no puede cubrir la cuota por la defensa de las grandes firmas de abogadxs, en muchos casos ni siquiera la de cualquiera de ellxs.

Cambiar el derecho en México, requiere, sí, de reformas legales, pero más allá de ello, requiere de un sistema de impartición de justicia acorde con la naturaleza del derecho y sobre todo con la «voluntad constante y perpetua de dar a cada quién lo que le corresponde» (Ulpiano), a lo que yo humildemente agregaría, «en igualdad y sin discriminación». Porque no hay justicia más injusta que la que no ve las circunstancias de cada persona para poder juzgar, porque no todxs llegamos igual al mismo terreno… incluso algunxs, no alcanzan a llegar. Y es ahí donde la quimera de la impartición de justicia en México debería dejar de aterrorizar.

  1. Se utiliza «X» como género inclusivo neutro.

(*) Fabiola Pérez Rodríguez

Abogada por la Universidad Iberoamericana, y en Innovación y Liderazgo en Gobierno por la Universidad de Georgetown. Especialista en derechos humanos y gestión pública. Ha colaborado en diversas instituciones del sector público como SEGOB, SEDESOL, INEA y CONAPRED; así como en organismos internacionales como la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Miembro de la Red ILG de Georgetown y asesora de organizaciones civiles en materia de desarrollo social y humano. Contacto: fabiola.perezrod@gmail.com

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