La contribución de las vanguardias históricas del siglo xx al arte contemporáneo

El presente escrito tiene por objetivo motivar en el público una mayor aceptación del arte contemporáneo en las artes plásticas del siglo XX

Por Carlos Julio Miranda Morales (*)

Imagen ilustrativa: Entierro en Omans, de Gustave Courbet (Wikipedia/Google Art Project Home)

Los antecedentes

Los antecedentes de la era contemporánea habría que situarlos a partir de la segunda mitad del siglo XIX, momento en el que Francia se había constituido en una nación hegemónica en las ciencias y las artes, en una Europa convulsionada por revueltas y cambios sociales profundos.

Estos avances sirvieron de base a nuevas corrientes filosóficas que influyeron en distintas formas de percibir nuestro entorno en el ámbito individual y social de la época. Voy a referirme a dos aspectos que considero los más importantes para sustentar nuestra opinión: la corriente realista derivada de las nuevas tendencias filosófica y estética del momento y las llamadas Leyes de la Gestalt derivadas de la Psicología de la Gestalt o Psicología de la Forma.

El realismo en las artes plásticas

Una nueva corriente estética nació en Europa en la segunda mitad del siglo XIX: el realismo, opuesta al romanticismo, tanto en los aspectos ideológicos, como en los formales o estéticos.

Se inició en la literatura, en 1825, trabajando los detalles descriptivos de la individualidad del ser humano, de la sociedad y de su entorno natural; tomó como modelo la metodología de observación de las ciencias experimentales.

Se anularon los temas sublimes y se sustituyeron por obras cuyos principios estéticos estaban basados en la reproducción fiel y exacta de la realidad cotidiana, sin idealizar la sociedad, la naturaleza, o la historia, como había hecho el romanticismo.

El rechazo a lo sentimental y lo trascendental del romanticismo, de su idealización sobre todo de la naturaleza —cuyo tratamiento era un motivo de evasión— dio paso al interés por el uso minucioso de la descripción para mostrar perfiles exactos de los temas, personajes y situaciones.

Se abordó lo cotidiano en lugar de lo exótico como tema central, exponiendo problemas políticos, humanos y sociales, es decir, la realidad en sí misma representada por un amplio movimiento que incluyó a las artes plásticas, la fotografía (que nació a principios del siglo XIX), la filosofía (positivismo, darwinismo, marxismo, método experimental) y la sociología.

En general, la estética realista, junto a los avances de la ciencia y la tecnología, se constituyó en un fiel testimonio de la sociedad de su época. Su nacimiento estuvo ligado al ascenso de la burguesía y a la nueva sociedad urbana originada como consecuencia del desarrollo de la Revolución Industrial y del éxodo masivo del campo a las ciudades.

Las obras reprodujeron y denunciaron los males que aquejaban a la sociedad, mostrando una relación mediata entre las personas de la clase media preponderante y su entorno económico; la historia muestra a los personajes en los oficios que profesaban.

Pintores como Gustave Courbet, principal representante del realismo pictórico francés, llevaron a sus lienzos sencillas escenas de la vida cotidiana (el propio pintor fue quien le dio el título a este estilo al nombrar la exposición de 1855, alternativa al Salón de París, bajo el título de «Realismo»); Millet, Théodore Rousseau, Jean-Baptiste Camille Corot y Charles-François Daubigny militaron también en esta corriente. Todos fueron integrantes de la Escuela de Barbizon.

Los géneros de más éxito de la época fueron la pintura de historia, el retrato, el paisaje y la escena de género, siempre en representación directa de la realidad.

En 1856 apareció una revista titulada precisamente Réalisme, que en uno de sus números dice:

El realismo pretende la reproducción exacta, completa, sincera, del ambiente social y de la época en que vivimos… Esta reproducción debe ser lo más sencilla posible para que todos la comprendan.

La psicología de la Gestalt (también psicología de la forma)

Psicólogos alemanes  iniciaron las primeras investigaciones de la Gestalt («la forma» en su traducción al español) a principios de la década de 1910. El punto de vista dominante de la época era el Estructuralismo fuertemente relacionado con el Empirismo que sustentan en tres teorías relacionadas entre si: (1) la «elemental», basada en que todo conocimiento, incluyendo las ideas abstractas, está construido por componentes simples y elementales; (2) la «sensorial», basada en los constituyentes mas sencillos que son elementos básicos de los sentidos, y (3) la «asociación», basada en que las ideas más complejas nacen de la asociación de ideas más simples.

Estas tres teorías juntas aumentaron la sensación de que la mente construía todas las percepciones, incluidas los pensamientos abstractos, directamente desde las sensaciones más básicas que están relacionadas solamente por la asociación del espacio y el tiempo. 

Argumentaron que ese «todo» tenía prioridad sobre las «partes» que estaban definidas por una estructura global, en vez de ser al revés. Se podría decir que es un punto de vista macroscópico en vez de microscópico.

Las teorías de la percepción de la Gestalt están basadas en la inclinación natural del ser humano para entender los objetos y las estructuras en su conjunto, más que por la suma de sus partes.

«Los trabajos sobre el movimiento aparente dieron lugar a la teoría del fenómeno phi, una ilusión óptica de nuestro cerebro que hace percibir movimiento continuo en donde hay una sucesión de imágenes)».

La Psicología de la Gestalt y sus leyes de la percepción nos explican el proceso mediante el cual somos capaces de percibir las formas reales en nuestro entorno; todos creamos en nuestras mentes las formas y figuras que vamos construyendo con base en nuestras experiencias de la percepción de la realidad.

La teoría de la Gestalt se centra en dar explicaciones acerca de nuestra manera de percibir las cosas y tomar decisiones a partir de las «formas» que creamos.

A partir de esta premisa, los creadores de las artes en general contaron con las herramientas estéticas y filosóficas necesarias para transformar la realidad a través de una percepción mucho más precisa y simple con una base científica.

En el siguiente escrito hablaremos de una de las corrientes estéticas de mayor importancia en el siglo XIX y principios del XX: el Art Noveau.

(*) Carlos Julio Miranda Morales

Profesor en la Escuela de Diseño Gráfico en la Universidad Marista en México, graduado de Maestría en Comunicación Audiovisual; Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de La Habana y Licdnciado en Pintura por la Academia de Bellas Artes San Alejandro; profesor del Consejo Nacional de Cultura y el Museo de Bellas Artes de La Habana, Diseñador Gráfico en la TV cubana.

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